Finca Köstriaseme

Finca alquilada desde fines del siglo XlX

La finca Köstriaseme (del Sacristán) proviene de la aldea de Kiriklaküla de la parroquia Hageri. Transportaron los edificios al Museo entre 1959-1962. El patio se inauguró para los visitantes en 1962.

La finca de tamaño mediano, que pagaba renta en dinero a la hacienda eclesial de Hageri, disponía de 30 ha. más o menos, de las que alrededor de 9 ha. eran de tierra cultivada. A pesar que la ley del pueblo campesino de Estonia de 1856 posibilitaba la compra de fincas, frecuentemente éstos, los campesinos, quedaban de arrendatarios por tiempo prolongado. La mayoría de ingresos se destinaba al impuesto sobre la renta, cada kopek que sobrara se guardaba con la esperanza de llegar a ser alguna vez propietario de la finca. Mas, simultaneamente, mejorábanse los edificios, y hasta hacíanse jardines. También, la finca de Köstriaseme tenía ante sus habitaciones patio limpio con hileras de flores, separando un varaseto a modo de obstáculo, del otro: patio-corredor para ganado con su espacio-trilla, corral y cabañuela.

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1 – casa-cranero; 2 – depósito para ropa; 3 – depósito; 4 – establo; 5 – cocina de verano

Curiosidades

  • El poste de apuntalamiento del horno-trilla se presumía también columna del cielo, y se suponía que bajo ésta residía el espíritu guardián de la casa. Había que llevarse excelentemente con él, gratificarlo con alimentos y cerveza para que la familia tuviese suerte. Se creía que cada edificio contaba con su respectivo espíritu de la guarda.
  • El nombre Köstriaseme se remonta a los tiempos cuando en la finca residían los sacristanes de la iglesia Hageri.
  • Durante la temporada fria toda la familia -abuela, hija y sus dos hijos- se mudaba para dormir en el cuarto-trilla. Así ocurrió hasta el translado del edificio al Museo en 1959.
  • Para evitar que hubiese humo en la habitación hasta el año 1959 en Köstriaseme preparaban los alimentos en la cocina de verano.
  • Los domingos sobre la mesa del cuarto de estar de Köstriaseme extendían mantel blanco. Esto lo exigía una de las hijas de la familia, la misma que realizaba primorosos trabajos manuales.